Desde el minuto 1 que te conviertes en madre, existe como una especie de norma que envuelve al bebé, una especie de ritual que tiene que seguir casi casi al pie de la letra, y no es otra que: HAY UN TIEMPO «ESTIPULADO» PARA TODO.

Tiene que comer cada 3 horas, si te pide cada menos, mosqueate, ¡un bebé come cada 3 horas y punto!.
Al mes tiene que empezar a sonreír, si no lo hace al loro, tiene pinta de que va a ser un antipático.
A los 2 meses tiene que empezar a sujetar la cabecita por el mismo.
A los 3 meses tiene que ponerse boca abajo y levantar la cabeza sólo.
A los 6 meses se tiene que sentar sólo, ponle cojines alrededor suyo, almohadas, mantas y demás cosas blanditas que amortigüen un posible piñazo, el bebé se tiene que sentar ¡si o si!.
A los 7 meses ya tiene, ¡¡como poco!!, 4 dientes.
A los 10-11 meses tiene que gatear ¡más que de sobra!.
A los 12 meses ya anda sólo, o al menos, de la manita, ay de ti como no lo haga… Te enfrentas a frases del tipo ¿lo has llevado a que le eche un ojo el médico?, no es normal eh…
A los 14 meses ya tiene dientes, por lo que tiene que comer chuletas, y déjate de los triturados, ¡el niño ya tiene que comer otras cosas!, ¡hombre ya!.
A los 2 años, ¡venga, fuera ese pañal!, que ya estás más que preparado para pedir pipí y caca…

La lista podría ser interminable, pero voy a zanjarla aquí.

Si este ritual no lo sigue al dedillo, tu hijo se convierte en «el ratito», «el retrasado», o en el caso contrario, «el adelantado».

Cuando eres primeriza, estas normas las sigues al pie de la letra, ¡a rajatabla!, y se te ponen de corbata, hasta el punto de llevar a tu polluelo a su pediatra si no sigue las reglas arriba estipuladas como debería, por que claro, el bebé de tu vecina ya habla en latín, y oye, ¡tiene 6 meses la criatura!, que adelantado que es oye…

Y es que yo creo que la culpa de todas estas expectativas las tienen, en primer lugar la cartilla del bebé, esa que te dan una vez te vas de alta en el hospital, ahí tienes los pasos que tiene que seguir, que digo los pasos, ¡¡las normas!!, por que si, esto de que el bebé tiene que SEGUIR SU PROPIO RITMO es una quimera, son los padres.

En segundo lugar algunas de las enfermeras de pediatría tampoco es que ayuden en esto que digamos, no las meto a todas en el mismo saco, habrá de todo como en la viña del Señor, al menos yo con las que me he topado han sido de traca…

-¿Ya dice mamá?, pide agua, señala con el dedo lo que quiere…
-Eh… Pues… No, todavía no… Pero ¿no es muy pequeño?, es que aún tiene 9 meses…
-¡Uy no no!, aquí han venido niños que con tan sólo un mes ya decían hasta el alfabeto en arameo, ¡como lo oyes!, tu motivalo y verás, en cuatro días está llamando a la familia entera por su nombre de pila.
-Bueno no se… Si usted lo dice…

Estoy exagerando obviamente, pero no dista mucho de la realidad, parece que los bebés tienen que ser como los Ñus, hacerlo todo en manada, y en cuanto hay alguno que se separa del grupo es el pobrecito rezagado que se van a zampar los leones de la sabana, y digo yo, ¿el crecimiento no es un proceso evolutivo y cada ser humano lo hace a un ritmo, y a una marcha diferente?.

Mi pequeño Batusito tiene 15 meses, y tengo a la mitad de mis vecinas, y a parte de las abuelas que recogen a los nietos del cole de Batusi preocupadas por que TODAVÍA NO ANDA, eso si, gatea más rápido que yo voy corriendo, creo que no hay día que no me tope con la pregunta del millón… ¿¡qué, se ha soltado ya o qué?!, y claro, servidora que depende como tenga el día, contesta de esta o de aquella manera, sabes a lo que me refiero ¿no?.

¿Tan complicado es dejar que cada niño lleve el crecimiento a su manera y a su ritmo?, ¿por qué si a X meses no ha hecho X cosa, se le cuelga la etiqueta de lenta evolución?, ¿por qué esas ganas de que vayan tan adelantados en todo?, con lo bonito que es disfrutar cada etapa sin agobios, disfrutando de sus progresos, de sus logros, sin competiciones, sin necesidad de correr.

Si algo me ha enseñado la bimaternidad es esto, disfrutar de todo más pausadamente, sin presiones, sin que se me corte la respiración cuando la mamá del parque me dice que su hijo de la misma edad que el mío, ha escalado el Kilimanjaro a la pata coja, ¡y sin oxigeno!, y mira tu que cosas, mi peque todavía a cuatro patas de aquí para allá…

Disfrutemos del momento.
Disfrutemos de la crianza de nuestros hijos.
Disfrutemos de la maternidad.
Saboreemos cada progreso y evolución, sólo serán bebés una vez, no queramos correr tanto.

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