Si juntáramos a 20 madres para tomar un café y hablar sobre maternidad y de la forma de criar a sus polluelos, ninguna coincidiría en prácticamente nada, ya que si algo he aprendido en el loco mundo de la maternidad, es que no hay dos crianzas iguales, ni dos madres iguales, si no diferentes formas de decidir como criar, de inculcar valores, y diferentes perspectivas de educación, ni mejores ni peores, si no DISTINTAS, y esto señoras, es lo más bonito que podemos darle a nuestros hijos, nuestra propia forma de ver la vida.

Con esto quiero decir que probablemente tu estés de acuerdo con lo que vas a leer a continuación, y tu no lo estés, no es ni mejor ni peor opción, si no NUETRA OPCIÓN.

Últimamente oigo demasiadas veces eso de…

¡¿Y NO TRABAJAS?!

Pues no señoras, no trabajo, bueno, mejor dicho no trabajo EN NÓMINA, por que lo que es trabajar yo diría que trabajo y probablemente más que si lo hiciera en una oficina.

Después de más de 12 años trabajando en una misma empresa la cual quebró, un trabajo con cierto grado de responsabilidad en otra ciudad que no es la mía, y de posteriormente montar mi propio negocio, decidimos que todo esto quedaría aparcado temporalmente, es decir, mi vida laboral, y que yo me quedaría en casa para criar a nuestros dos polluelos, dejar de trabajar cuando eres una persona de culo inquieto y muy activa, no es una decisión fácil de tomar, pero después de valorar contras y pros, sacar números, y sopesar, esta fue nuestra opción.

Esta fue mi decisión, nuestra decisión, y aunque nos íbamos a tener que apretar el cinturón, prescindir de ciertas comodidades y lujos materiales, iba a poder criar a mis hijos, justo leí el otro día en el blog de la cantante Raquel del Rosario, que hablaba de vivir en la abundancia y me parece cuanto menos reflexivo.

Hoy por hoy no me arrepiento lo más mínimo de haber tomado aquella decisión, estoy en casa con mis polluelos, veo y vivo con ellos todas sus evoluciones, sus primeras veces, nadie me cuenta si ha dicho mamá, ha gateado por primera vez, o me toca pedir permiso en el trabajo por que uno de los Batusitos tienen fiebre.

¿Y POR QUÉ PARECE QUE NO HACES NI EL HUEVO?

Jamás PAPArracho me ha dicho absolutamente nada si un día no tiene hecha la comida del día siguiente, o no se ha recogido la zona de juegos, o no se ha limpiado el polvo de los muebles, parece que para el mundo exterior el hecho de estar en casa te da derecho a ser la perfecta ama de casa, a tenerlo todo impoluto, limpio, recogido, hacer la compra, comidas, los recados, solventar los imprevistos que van surgiendo como puede ser ir al pediatra con alguno de los Batusitos, hacer los 4 viajes al cole para llevar a la peque, darles de comer a ambos, ¡ah si!, y comer yo, que a veces se me olvida… Parque, piscina, baños, cenas…

Por eso me llama la atención cuando una amiga te llama para tomar un café y le dices eso de «hoy no puedo tía, tengo mogollón de lío en casa», a lo que ella contesta eso de… ¿Lío de qué?, si no trabajas…

Trabajo y mucho, mi día a día es una auténtica locura, mi trabajo en el blog cada vez es mayor, aumentan las colaboraciones, ¡lo cual es genial! no me quejo por ello, todo lo contrario, y cada vez me lleva más tiempo, (aunque no lo creas hay mucho curro detrás), hay días que tengo que levantarme a las 6:30 de la mañana para preparar los post semanales, sacrifico horas de sueño por algo que poco a poco va creciendo, y que es una aportación económica a final de mes, que una tiene bocas que alimentar…

No me voy a martirizar, ni voy a dramatizar, esta claro que no estoy picando piedra en la mina.

He aprendido a valorar los pequeños detalles y lo que para mi realmente tiene un valor incalculable, ser madre a tiempo completo, cada mañana cuando vamos andando camino del cole Batusi y yo, y hablamos sobre cualquier cosa, la miro y me doy cuenta de lo afortunada que soy al poder vivir estos momentos, tanto ella como yo lo recordaremos siempre.

Psicológicamente hay días en los que es realmente duro, días en los que se te cae la casa encima, días en que lo mandabas todo a la mier**, días en los que te irías a trabajar fuera donde fuera, pero respiro hondo, me giro, veo a mi hijo de 11 meses durmiendo su siesta mañanera, y doy gracias por estar aquí, no se cuando volveré a trabajar, dentro de un mes, de un año, de dos, no lo se, de momento vivo el presente, y no hay día que no me repita algo que mi madre me dijo una vez…

NÚRIA, TUS HIJOS SÓLO VAN A CRECER UNA VEZ.

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